Challenge Madrid 2018

Después de tres días de “resaca”, siempre necesarios para valorar en su justa medida los logros obtenidos, el estado en el que me encuentro es de felicidad plena.

Han sido cinco meses de entrenamiento específico para preparar el Challenge Madrid, en los que ha habido lo de siempre en toda preparación de una prueba de larga distancia, altibajos anímicos y físicos que ponen a prueba tu compromiso con la decisión de competir. Días de levantarse a las cinco de la madrugada para subirse al rodillo y/o correr unos kilómetros, con el fin de poder cuadrar otra sesión de entrenamiento por la tarde; frío, calor, lluvia, dolores varios, lesiones y un largo etc que pasamos todos los que nos metemos en estos saraos.

La prueba empezaba a las 7:50h, así que tocaba madrugón familiar para poder estar en la salida con tiempo suficiente para preparar todo y evitar prisas de última hora, que son fatales para los nervios.

Bocinazo de salida y a nadar. La idea es hacerlo muy tranquilo, pero pronto la cosa se tuerce y empiezo a notar que me falta el aire y tengo una opresión en el pecho que no me deja respirar y nadar con normalidad. Nunca me había tenido una crisis así en el agua, siempre me he sentido cómodo nadando estas pruebas y empiezo a sopesar la posibilidad de echarme a un lado un rato para relajarme. Finalmente me concentro en nadar suave y “largo”, sientiéndome cada vez mejor, hasta que se me pasa la ansiedad. Han sido unos 300 metros complicados pero ya siento como fluyo en el agua y como avanzo y adelanto a mucha gente. Salgo del agua en 1 hora y 7 minutos, promediando a 1:47/100mts, que es un ritmo para mi cómodo; jústamente esa era la idea.

Después de una transición horrorosa, en la que pierdo casi diez minutos porque se me queda enganchado el neopreno y no había forma de quitármelo, voy hacia la bici y empiezo a sentirme cómodo desde la primera pedalada. Como ya suponía, me noto muy fuerte, y regulo mucho el ímpetu para no pagarlo después.

Subo los tres puertos regulando, siguiendo  el guión que he preparado para alimentarme escrupulosamente, porque como falles ahí, estás perdido. Tomo una barrrita y varios geles y capsulas de sal hasta entonces. En realidad en lugar de tomar las capsulas que llevaba preparadas, tengo que conformarme con ir chupando polvos blancos de una bolsa zip donde iban metidas. Cagada de pardillo por haber nadado con las capsulas en el mono en lugar de haberlas dejado en la bici, y el agua las deshizo por completo. Solo me queda chupar los polvos blancos poco a poco, como en un capítulo de Narcos,  intentando controlar cual era la dosis de una capsula.

Voy a buen ritmo, estoy disfrutando de la prueba y llego al km90 casi sin enterarme. Pienso que ya ha pasado la parte más dura de la bici y estoy entero y contento. Me alimento con la mitad del avituallamiento especial que dejé preparado a la organización (bocatas de pan blando de jamón y mantequilla) y la otra mitad me la meto en el mono para comerla después. Una meadita y empiezo a bajar Navacerrada muy rápido pero con precaución, porque es la única bajada de toda la carrera que nunca he hecho.

Antes de que me dé cuenta, estoy saliendo de la sierra en una zona de pequeños sube baja, pero con tendencia siempre a la bajada. De repente empiezo a notar calor. Ha cambiado muy rápidamente la temperatura y el cuerpo me pide tanto líquido que bebo más rápido de lo que pensaba y me quedo sin bidones (iba solo con uno porque regalé el otro a un niño que nos estaba animando, calculando que me iba a sobrar antes de llegar al avituallamiento). Afortunadamente un compañero belga me ofrece su bidón con sales y me salva la vida hasta el siguiente avituallamiento de Majadahonda que cojo dos bidones de sales y me los bebo casi del tirón. Entrando en la Casa de Campo, paso a una compi de las pros portuguesa que va muerta, también sin bebida, y le doy mi bidón y me lanzo hasta el lago de la Casa de Campo para dejar la bici. 6 horas y 51 minutos de bici. Contentísimo.

Entro en la transición y no siento las piernas cargadas. Me siento fuerte y me tranquiliza sentirme así de cara a lo que queda por delante. Dejo la bici, le doy el beso habitual en el sillín por lo bien que se ha portado, y voy a la carpa donde está mi bolsa con las cosas para el maratón. Con tranquilidad para evitar olvidar nada con los nervios, me pongo la gorra, me aplico vaselina en los pies y cuando me pongo el primer calcetín seco, noto un bulto en la zona de la uña del dedo gordo temiéndome lo peor. Me quito el calcetín con cuidado y efectivamente, la uña que tenía muerta desde hace semanas, ha elegido el peor momento para desprenderse de mi, dándose la vuelta. Tiro de ella y no sale, otro tirón y nada, al tercero lo consigo, sintiendome aliviado porque hubiera sido imposible correr con eso así. Ahora si me coloco definitivamente los calcetines y las zapas y empiezo a correr.

Los primeros pasos son de aclimatación y toma de sensaciones musculares, y me noto entero. Poco a poco empiezo a subir el ritmo y empiezo a correr a poco más de 5min/km muy cómodamente. De repente, antes de salir de la casa de campo, veo a Micromachine que me está esperando para correr conmigo. Subidón de alegría al verla y empiezo a charlar con ella un rato, hasta que nos despedimos y quedamos en vernos más adelante, porque prefiero correr con ella los últimos kilómetros.

Llego a la Cuesta de la Vega y compruebo lo criminal que es. Cuando la corono me doy cuenta que ese último kilómetro lo he hecho a más de 6min/km. lo cual no me preocupa por el cuestón, y pienso que recuperaré cuando llegue el llano. Una vez he pasado los primeros 12 kms. del maratón, noto que ya no voy tan fresco ni mi ritmo es tan alegre, así que me centro en poner un ritmo crucero aprovechando que Micromachine se ha vuelto a unir a mi y corremos juntos. Me da ánimos, conversación, me cuida……..hasta que aparece un juez y le dice que tiene que abandonar la carrera porque está prohibido correr con los competidores. Así que nos despedimos, y casi lo agradezco, porque el ritmo al que me llevaba me resultaba imposible de seguir. Se había dado cuenta que yo iba demasiado despacio e intentó por todos los medios llevarme más rápido, pero el bache que estaba pasando era gordo, y no había manera de correr a un ritmo mejor. Por suerte también está mi sobri que ha ido a verme junto al resto de la familia, mi hermana y cuñado y mi otra sobri, se pone a correr a ratos conmigo, por fuera del circuito para evitar que me penalicen. Así hasta el final inyectándome ánimos en vena además de darme la grata noticia que voy séptimo de mi categoría grupo de edad. ¡No tengo palabras para agradecerlo!

Me quedan 15 kms. para meta, dos vueltas a un circuito al que ya he dado dos más, y que por lo tanto, conozco perfectamente las horribles cuestas que quedan por delante. Voy sufriendo a cada paso, me noto sin fuerza, el dolor de piernas es terrible y paso el peor momento de toda la prueba. Sabía que esto llegaría y estaba preparado para ello. Sigo aprovechando cada avituallamiento para alimentarme y beber hasta que en el km34 más o menos, después de un avituallamiento, donde como una barrita y un redbull, noto que mis músculos empiezan a funcionar mejor. Me siento más ligero, y me alivia pensar que el alimento ha llegado bien al músculo y en mi cabeza empiezan a fluir pensamientos positivos. A partir de entonces, en mi cara se dibuja una sonrisa que aún no se me ha quitado. Ya sé con certeza que voy a poder terminar y además muy dignamente, como a mi me gusta, sin parar ni en los avituallamientos, sin caminar ni un segundo.

Cuando me quedan 400 metros, corre conmigo mi sobrino y le da hasta para hacer un video y los últimos 200 metros el éxtasis, corriendo junto a Micromachine y a mis dos hijas, Beatriz y Alejandra. Nuestras caras en la foto de meta lo dice todo.

4 horas y 26 minutos de maratón, que honestamente pienso que si hubiese podido hacer más entrenamientos de carrera a pie el último mes, habría conseguido estar entorno a las 4 horas. Pero en cualquier caso, enórmemente satisfecho.

Finalmente, tras más de 12 horas y media de competición y 226 kms en el cuerpo, llego a meta rodeado de la gente que más amo, pensando lo afortunado que soy.

No hay palabras para agradecer y valorar todo lo que hacen por mi. Todo el tiempo que les quito, toda la guerra que les doy, todas mis caras de dolor que soportan, y además, viendo que incluso disfrutan mucho pasando un día como el del domingo. Para ellas fue como una fiesta, aún habiéndose levantado tan temprano y con el día tan largo y duro que tuvieron siguiéndome. Cum laude para micromachine, que al final del día, entre lo que corrió a mi lado y los desplazamientos a pie, su gps marcaba que había hecho 30 kms.

Y también millón de gracias al resto de mi familia, los presentes y los no pudieron estar, que desde siempre me han apoyado en todo lo que he hecho en la vida.

Os quiero mucho a todos.

Para terminar, decir que si alguien os dice que no podéis hacer algo porque estáis limitados de una u otra forma, no los creáis. Si creeis fírmemente en vuestras capacidades, con trabajo y método, conseguiréis lo que os propongáis.

 

2018-09-26T13:31:43+00:00septiembre 26th, 2018|Ciclismo, Entrenador Personal, Maratón, Natación, Nutrición, Running, Triatlon|

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