Prueba de esfuerzo triatlón.

Ayer volví a pasar por las instalaciones del Reebok Sports Club, en este caso en La Finca, para realizarme una prueba de esfuerzo de transición, ideal para los que practicamos triatlón. Por cierto, inmejorables instalaciones deportivas las del centro.
Una vez más quedé fascinado del buen hacer del equipo médico, encabezado por la doctora María Jesús Nuñez Martí.
Particularmente, me gusta que me expliquen el por qué de las cosas y que no todo se reduzca a un “haz esto” y ya está. Si os pasa como a mi, estáis en las mejores manos, ya que la doctora, además de realizarte la prueba te explica con todo detalle y pormenorizadamente los detalles y la razón por la cual tu cuerpo responde de una u otra forma.

La prueba de esfuerzo de transición consta de dos partes fundamentales, una realizada sobre una bicicleta estática que registra a tiempo real todos los datos necesarios para el análisis posterior, y otra parte que se realiza en la máquina de correr a pie.
Antes de comenzar a dar pedales, la doctora te pide unos datos para calibrar desde donde empezar a testear (ritmo o vatios en los que te mueves en la bicicleta normalmente, cadencia, ritmo por kilómetro en la carrera a pie, etc.).
Una vez la doctora Nuñez valora todo lo que le contamos, empezamos con la prueba en concreto. Antes de nada comentaros que como tengo una prueba de esfuerzo para corredores realizada solamente hace unos meses, en la cual se me tomaron datos de consumo de oxigeno por medio de una máscara, en este caso no fue necesario usarla. Como sabéis, el VO2+ es un dato que no suele variar apenas, ya que en mayor medida nos viene dado genéticamente.

Comenzamos la prueba. En la parte de ciclismo partimos de 50W de potencia, que irán incrementando de 50 en 50 cada 3 minutos, llegando en mi caso a los 250W. Cada 3 minutos, antes de incrementar la potencia, se toma una muestra de sangre de la yema de nuestro dedo y se mide inmediatamente la cantidad de ácido láctico que nuestro cuerpo está generando, dato medido en milimoles. El ácido láctico, resumiéndolo mucho, es un residuo que genera nuestro cuerpo cuando está realizando esfuerzo físico y que es el causante del cansancio. Normalmente se considera que el valor a partir de 4 milimoles es cuando el cuerpo se encuentra en un estado sin llegar a la extenuación, pero si es un valor que demuestra el máximo estado estable.
En mi caso concreto, que la bicicleta no es ni mucho menos mi fuerte, hasta llegar a los 200W me moví en unos valores de lactato sostenidos, dando un valor de 3,88 milimoles a 200W de potencia, y al cambiar a 250W, en tan solo 3 minutos la medición nos dio 7 milimoles de lactato, un salto muy grande que indicaba que había sobrepasado el límite y donde hay que terminar con esa parte de la prueba.

Inmediatamente después, te bajas de la bicicleta y cambias las zapatillas por las de correr, simulando una transición de triatlón, y empiezas a correr sobre el tapiz de la cinta.
De una manera parecida que sobre la bicicleta estática, comienzas a un ritmo fácilmente asimilable, que irá incrementando igualmente cada 3 minutos. En mi caso, que tengo más experiencia en la carrera a pie, en la primera medición a los 3 minutos, de 7 milimoles que daba al terminar la bicicleta, ya ha bajado el valor a 5,4 milimoles, en pocas palabras, mi cuerpo ha empezado a depurar la toxina que me provoca el cansancio y por ese motivo la sensación es que me encuentro mejor que cuando estaba en la última parte de la bicicleta. El ácido láctico sigue bajando paulatinamente cada 3 minutos hasta llegar a los 3,56 milimoles de mínimo, y a partir de los cuales en la siguiente medición, comienzan a subir otra vez. Ese momento donde tu ácido láctico llega al valor mínimo, a partir del cual empieza a incrementar, es el dato interesante de esta parte de la prueba, ya que indicará el ritmo óptimo de competición en este caso cuando realice un triatlón de larga distancia; en mi caso resultó ser 4:15 min/km a 156 pulsaciones por minuto.

Es interesantísimo como puedes ver plasmado con números las sensaciones que tienes cuando realizas ejercicio físico y como tu cuerpo responde.

Como siempre digo, es imprescindible hacerse una prueba de esfuerzo, primordialmente porque nos va a decir si estamos en condiciones saludables para la práctica de cualquier deporte, pero también porque nos indica de manera exacta de qué forma entrenar con criterio y competir sin riesgos de ningún tipo.
Especialmente importante este tipo de prueba para los triatletas, ya que las pulsaciones por minuto para la práctica de la carrera a pie son totalmente diferentes que para la bicicleta.

En mi caso concreto, una vez analizados todos los datos, se puede observar claramente que para rendir en las mejores condiciones en una competición de triatlón de larga distancia, en el tramo de bicicleta debería no sobrepasar ciertas pulsaciones por minuto o vatios de potencia para garantizar la realización después del tramo de carrera a pie en perfectas condiciones. Y si cumplo moviéndome en esos registros durante el tramo de bicicleta, podré realizar el tramo a pie a un ritmo de 4:15 min/km, sin riesgo de extenuación. También se que si corro por debajo de 4.15 min/km estaré corriendo por encima de mis posibilidades con el consiguiente riesgo.

Resumiendo, con esta herramienta, además de saber si estamos sanos y evitar sustos o desgracias, conoceremos a que ritmo exactamente entrenar y competir, para rendir en las mejores condiciones.

Así que no lo dudéis, realizaros una prueba de esfuerzo, y si hacéis triatlón una de este tipo concreto, y poneos en las mejores manos posibles, con el equipo médico de Reebok Sports Club, al cual doy las gracias en su totalidad por el cariño y profesionalidad con que me tratan cada vez que acudo en su ayuda, y especialmente a la Doctora Mª Jesús Nuñez por sus grandes conocimientos en medicina deportiva y su paciencia en explicar cada detalle de las reacciones de nuestro cuerpo.

2017-11-22T15:06:44+00:00mayo 31st, 2016|Uncategorized|

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